Los crayones sirven para dibujar y pintar, y, convenientemente apilados, también para formar la palabra "Kevin". Las manos del viñetista "Liniers" (seudónimo de Ricardo Siri) desparraman el nombre de pila de su socio en esta historia, Kevin Johansen, y se ponen a trazar montañas, autos y figuras humanas sobre el papel. Si hasta el actor Héctor Alterio cabe en el dibujo que el autor de la tira "Macanudo" ha elaborado mientras Johansen toca "Road movie", la canción de largada del "recital-performance" que ambos artistas ofrecieron en el teatro San Martín.
El primer tema y el primer dibujo de la noche terminan al mismo tiempo. El cantautor nacido en Alaska cede la palabra a Liniers, que nunca antes había estado en Tucumán. El dibujante, que anticipa que muchas de sus cosas no se entienden si no se explican, describe su obra concebida sobre el lomo de una canción que habla de rutas y de películas: "en este coche van Thelma y Louise camino al suicidio, y allí, Leticia Brédice y Leonardo Sbaraglia, de "Caballos salvajes". Al costado está Alterio sacado..." Alrededor del veterano actor, Liniers ha escrito esta frase: "la puta que vale la pena estar vivo". Después tacha "puta" porque él no es mal hablado.
Pura imaginación
El público se ríe. Esto es humor subliminal. Esto es un disparate orquestado, imaginación en estado de libre albedrío y espontaneidad planificada. Esto es fascinación por el arte de Liniers y por la música ecléctica de Johansen -que canta todos los géneros en inglés, español y "spanglish"-. Esto es entrega de altas dosis de las dos cosas gracias a la sólida banda The Nada y a la cámara que registra y proyecta en directo el proceso de creación sobre el tablero. Pero como con ver y escuchar a veces no alcanza, el músico y el dibujante confeccionan avioncitos de papel y echan los dibujos a volar. Los de Johansen llegan al fondo de la platea, mientras que los de Liniers apenas pasan el foso y se estrellan en la afortunada primera fila.
El dúo hace de la creatividad una forma de ser y estar en el escenario. Un chiste a tiempo y un comentario inteligente valen tanto como la ejecución impecable de los clásicos "johansescos". Por cierto, nadie se fue defraudado en esta última e importante cuestión merced a un repertorio de más de 25 temas que comprendió desde la simpática "Daisy" hasta la todavía más simpática "Cumbiera intelectual" -tributo a Lennon incluido-.
Inmunes al fracaso
Johansen y Liniers construyen su propia red social. En ese espacio compartido no hay sitio para el estereotipo del artista compenetrado en sí mismo. El código de la interacción y la participación rige un recital que se improvisa al andar. Esa vocación por romper las estructuras impregnó los 135 minutos del show tucumano y tuvo sus momentos deliciosos, como cuando el cantautor relató su frustrada historia de amor con la novia de un director de cine de bajo presupuesto. Él hacía de galán de ella y, en ese papel, tuvo que besarla 50 veces sobre el sugestivo capó de un auto. Pero cuando se decidió a invitarla a salir, no tuvo peor idea que llevarla a ver "La sociedad de los poetas muertos", película que deprimió a la chica en cuestión y enfrió toda predisposición amatoria.
La oportunidad había pasado de largo. Johansen sintetizó aquel romance que no pudo ser con la frase "timing is the answer to success" ("llegar a tiempo es la clave del éxito", en español). Acto seguido, el músico y el dibujante empuñaron sendos micrófonos inhalámbricos y dieron un paseo por el teatro (¡hasta subieron a un palco del tercer piso!) cantando "Timing", el tema que anima a nunca dejar impulsos y deseos para más tarde.
Al embrujo de Blake
Con aquella consigna como norte y sur, Liniers alterna sus personajes de nariz colorada con vehementes mamarrachos, y usa los pinceles como palitos de batería. Luego intercambia lugares con Johansen e interpreta un poema del inglés William Blake ayudado con tres acordes de guitarra. Para profundizar la hilaridad y el promovido desconcierto, el músico dibuja una mosca y bosqueja una composición inspirada en "Knocking on heaven?s door", de Bob Dylan. La canción del dibujante es tan horrible como la obra del cantautor, pero ellos pueden darse aquel lujo grotesco a sabiendas de que nada malo les sucederá mientras gocen de los favores del don de la gracia.